Deambula por la casa sin cesar, parece un menesteroso, pelo blanco y greñudo, a la par, una desprolija barba. Desdentado y de mal talante, conversa incansablemente, recorriendo las habitaciones.
– Perdóname María, nunca valoré cuanto tenía. Siempre infeliz, envidiando la suerte ajena, trabajando al mejor postor, sin más ideal que el dinero y el deseo de estar cerca del poder y sus influencias.
– Me resulta difícil olvidar el sufrimiento que me causaste, todo te lo di, enfrenté la deshonra por estar a tú lado, huí de mi casa sin detenerme a pensar…
– Aún te veo apareciendo por la esquina de Reconquista. Desde la ventana de mi taller te seguía con la mirada y me prometía que serías mía. Cierto que tuvimos que escapar, estabas embarazada de Juan Luis y yo era el padre, tú marido quería matarnos. No podíamos hacer otra cosa, por eso nos afincamos en Salto y vivimos momentos de estrechez, pero valió la pena.
– Sí, por los chicos. Pero a veces pienso que nunca me quisiste, en realidad, no sé si hay lugar para alguien más en tú corazón a excepción del pintor. Cierto, te interesaba, era la hechura de tú medida: esposa sumisa y atenta a tus necesidades. Soporté tus engaños, una y otra vez, sin decir palabra. Donde ibas te seguía sin chistar, como cuando, sin siquiera consultarme, me acarreaste a Concepción del Uruguay…
– Pero mujer, fue lo mejor que nos pudo pasar, el General Urquiza se convirtió en nuestro protector, me dio la oportunidad de pintar los cuadros que representaban sus victorias militares, vivimos meses de tranquilidad y opulencia y allí nació nuestro hijo Nicanor. También por su influencia pinté retratos de gente importante, lo que nos proporcionó algo de dinero.
Agitado se sienta y apoya la cabeza entre sus manos, esas manos que supieron de pinceles y lienzos, óleos y mujeres. Hoy, solo lo acompañan sus conversaciones, todos murieron y con ellos, se llevaron la inspiración.
Únicamente la fiel María Linardi, responde a sus preguntas. Pero tiene el costo de oír las verdades que siempre evadió. Su resentimiento le causa desazón y el tormento de comprender cuánto mal causó, a consecuencia de su egoísmo y presunción.
– ¿Recuerdas cuando quise ir a estudiar a Europa y gestioné una beca del gobierno uruguayo?, con la pensión que me otorgaron nos fuimos todos, cierto que tampoco fue fácil, pero cruzamos el Atlántico y nos instalamos en No bien llegar me convertí en discípulo del pintor Antonio Ciseri.
– Claro que me acuerdo, esa experiencia te permitió tres años después, al regreso a Montevideo, convertirte en un pintor cuyo nombre era sinónimo de Hoy son tus obras las que te brindan el reconocimiento y respetabilidad de la gente. Ellas fueron el pase a la inmortalidad de Juan Manuel Blanes.
– Trabajé mucho, nunca me importó quién concertaba mi arte. Pintar era lo que me incitaba y no me preocupaba cuál sería el destino de mi obra. Eso me valió críticas de todo tipo. Si me hubiera dejado llevar por los dimes y diretes, jamás hubiera pintado El asesinato de Flores, el Episodio de la fiebre amarilla, El Juramento de los Treinta y Tres, La taba, Atardecer, Yerra, Los tres chiripás, el retrato de mamá y no sigo porque te ¿Estás ahí? ¿Te fuiste?
– Aquí estoy, como siempre callada y escuchándote y recordando que a los años, cuando Juan Luis y Nicanor fueron algo mayores, decidiste que tenían que ir a Europa a estudiar…
– Sí, quería que se formasen en las artes plásticas. Y nuevamente hicimos las valijas y volvimos a cruzar el océano. Ya en Italia, comencé a pintar La batalla de Sarandí.
– Nos tendríamos que haber quedado. Volvimos y fue el comienzo del fin. Tú lujuria incontrolable es la culpable de todo. Desde que esa mujerzuela puso un pie en nuestra casa, el destino de los Blanes se convirtió en dolor y desgracia…
– Por favor no digas tonterías, el episodio de Nicanor fue una chiquillada, siempre entre tus polleras, nunca le permitiste
– ¿Madurar? Tú tendrías que haberte olvidado de tu vanidad y así evitar que ella lo manipulara y dañara. Te acostaste con esa prostituta una y otra vez y cuando la puta conoció a tú hijo, mucho más joven y hermoso, apuntó hacia él, dejándote con la bragueta abierta y sin visitas. Eso te enfureció: mire que desparpajo, negarse al pintor de la patria. Tu desquite fue no entregarle el cuadro que le pintaste y que tanto deseaba, no por ti, sino porque era un símbolo de estatus frente a la sociedad. Resultado, para vengarse, se lo llevó aBuenos Aires y se casó con él. Lo enloqueció, lo subyugó y cuando se cansó hizo que anularan el matrimonio.
– Nunca me vas a perdonar.
– Tenés razón, nunca te voy a perdonar, fue el golpe de gracia para Nicanor. Supongo que en el fondo él se quiso vengar de ti. Jamás lo reconociste como un hijo, él siempre ocupó el lugar del primer Nicanor, no quisiste asumir la muerte del pequeño y lo condenaste a ser otra Al Nicanor vivo, no podías quererlo y el pobre chico tuvo que cargar con ese dolor y con una identidad que le era ajena.
Se siente indignado por los reproches y la echa de su pensamiento. Está convencido que también fueron buenas épocas, de profusa creación, los gobiernos militaristas siempre le reconocieron su labor. Sospecha que ese vínculo fue el real motivo por el cual lo expulsaron de la masonería. En el gobierno de Máximo Tajes le fue encargado un cuadro, en el que le diera rostro al General José Artigas, originándose así el “Artigas de la puerta de la Ciudadela”. Los adeptos a Máximo Santos le encomendaron “La revista de Santos”. Varios fueron los retratos que pintara en ese período, destacándose el de su amigo Latorre y el de su esposa.
– Estoy cansado de que me eches la culpa de todo, cuando Carlota Ferreira desapareció de nuestras vidas y todo estaba volviendo a su lugar, tú decidiste morir, nos abandonaste, dejaste a Nicanor muy solo, la tristeza lo estaba ganando y decidí que fuéramos a Italia a visitar a su hermano. Juntos los tres viajamos por Atenas, Constantinopla, Esmirna, Beyrouth, Damasco, Jerusalén, Jaffa, Alejandría y Cairo. De vuelta en Italia, Juan Luis rumbeó a Venecia donde se establecería por sus estudios y yo tomé un tren a Burdeos con el fin de regresar a Montevideo en barco. Nicanor quedó en Florencia donde nos despedimos con un fuerte abrazo, probablemente el único de nuestras vidas, fue estremecedor, pero ambos reprimimos la emoción partiendo cada uno a su destino sin desviar la vista atrás.
Tú ausencia fue el fin, tus hijos conspiraron para abandonarme, Nicanor anunció que volvía a Montevideo hace ocho años y nunca llegó. Juan Luis hace seis que murió en un accidente incomprensible y cruel.
Hace tres años que he vuelto a Italia tras la pista de nuestro muchacho. He investigado, golpeado puertas, gritado su nombre por las calles, pero la tierra se lo tragó. Me han dejado sólo, abrumado por los recuerdos y los remordimientos. El último afecto, mi hermano Mauricio, murió hace un año. Te suplico María, dame un poco de piedad, mi alma ya no tiene fuerza para soportar tanta tristeza y abandono.
– Serénate Juan Manuel, te prometo que alcanzarás la paz ansiada. Basta de torturarte, dame tu mano. Cierra los ojos, descansa, déjate ir por el sendero de Pronto, todos, nos reencontraremos en uninvisible y apretado abrazo.
Delia Correa Luna
Acompaña, Tormenta de Otoño, acrílico sobre tela de 120cm x 100cm de la Serie «Todo Fluye»,
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