Como cada mes, el último viernes, es el turno de hablar acerca de Borges de la mano de Jackie Kuscic, gran admiradora del Maestro y conocedora de su obra y su mundo.
Aquí los dejo con ella!
Llegamos a la mitad de 2021. Con un hecho relevante para este espacio borgiano. El día 14 de junio de 1986 murió en Ginebra el Maestro: se cumplieron 35 años desde esa fecha en la que eligió quedarse a transitar sus últimos días allí, pues, como dijo ’’Soy un hombre libre. He resuelto quedarme en Ginebra, porque Ginebra corresponde a los años más felices de mi vida”.
Pocas veces la muerte de un escritor tuvo una repercusión mediática tan global. Borges era una celebridad literaria, admirada por sus lectores y también por quienes no lo habían leído pero conocían la estela de su nombre.
Entre algunos medios, The New York Times tituló “Ha muerto Jorge Luis Borges, un maestro de la fantasía y la fábula”, y detalló que “el cuentista, poeta y ensayista argentino, considerado uno de los mayores escritores de América Latina, murió ayer en Ginebra, donde había estado viviendo desde hacía tres meses”.
En España, el periódico ABC se inclinó por una oración única: “Borges, el hacedor, el supremo urdidor de ficciones, aquel que convirtió la palabra en un territorio fantástico sin fronteras para la imaginación, el autor de versos en los que precisión y belleza caminan codo con codo, uno de las más grandes escritores en lengua castellana de este siglo, falleció ayer en Ginebra a los 86 años”.
En el 35° aniversario de su muerte, innumerables medios recordaron su genialidad a través de distintos homenajes. Uno de los que más me gustó fue la publicación de Martín Hadis en La Nación: 35 veces Borges. Introduce su nota diciendo:
“¿Qué es el tiempo? –Se preguntaba San Agustín–. Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicarlo, no puedo hacerlo”. Gracias a la ciencia hoy sabemos que cada uno de nosotros se desplaza hacia el futuro a razón de un día por día. A diferencia del viajero de H.G. Wells, sin embargo, no podemos volver atrás. El pasado -todo el pasado- nos está igualmente vedado. La tarde de ayer es tan inaccesible para nosotros como la toma de la Bastilla o la coronación del primer rey en Babilonia. Solo los homenajes, que nos ilusionan con un ciclo o retorno, nos permiten franquear esos abismos. ¿Quién fue Jorge Luis Borges? Los siguientes 35 trazos, cuya cifra coincide con el número de años que nos separan de su partida, tienen por objetivo subrayar, siguiendo a San Agustín, que la esencia de Borges es a la vez tan cercana e inasible como la sustancia misma del tiempo.”
Recomiendo la lectura de esos 35 trazos que nos aproximan al conocimiento de la esencia del maestro.
En uno de esos “trazos”, denominado “Laberintos de un peregrino eterno”, Hadis dice:
“Borges fue, como su padre, agnóstico y librepensador. Rechazó las explicaciones bíblicas que le ofrecían tanto la fe de su madre -ferviente católica- como el cristianismo metodista de sus antepasados ingleses. Pero esto lo convirtió, paradójicamente, en un explorador de otras religiones, mitologías y filosofías, en un peregrino eterno que intentaba hallar el sentido de la identidad y de la memoria, de la vida, la muerte, la naturaleza del espacio y el tiempo, y el mismo universo. El laberinto, símbolo recurrente en su obra, representa su continua búsqueda de sentido y su perpetuo estado de asombro.”
Y ese símbolo que recurrentemente surge en sus escritos, me llevó a que en este junio de 2021, “peregrinara” a conocer una magnífica obra que uno de sus editores, quizá su preferido, construyó: El Laberinto de la Masone situado en Fontanellato, Italia.
Franco María Ricci, publicista, editor, coleccionista de arte y bibliófilo, en 1977 le hizo la promesa a Borges que construiría el mayor laberinto del mundo en su honor. Y la cumplió. En 2015 inauguró un elegante e intrincado sendero que se extiende a lo largo de ocho hectáreas y en el que uno se “pierde” entre un montón de variedades de plantas de bambú.
Inspirado en los laberintos que construían los romanos, contiene ángulos rectos y divididos en cuartos, introduciendo pequeñas trampas, cruces y callejones sin salida y cuyo perímetro tiene forma de estrella. En el medio se levanta una capilla en forma de pirámide, un recuerdo a ese antiguo vínculo entre los laberintos y la fe.
La relación de Borges con el editor, que falleció en 2020, fue de admiración mutua y amistad.
Ricci contaba el momento en que conoció al escritor: “Durante el invierno de 1973 fui a la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, que en ese momento estaba dirigida por Borges. Elegante y con camisa blanca, Borges me esperaba bajo la cúpula de la sala de lectura. Tan pronto como le dijeron que había llegado el editor de Milán comenzó a caminar hacia mí pronunciando una frase del Infierno de Dante: Tu, duca; tu, signore; tu, maestro. En ese momento pensé que era el gesto de cortesía que se reserva para un invitado italiano, o quizás que era la única línea que conocía de la Comedia. Más tarde descubrí que la sabía de memoria.”
Desde ese momento comenzaron a convertirse en entrañables amigos. Cuando se conocieron, Borges todavía podía percibir algunas sombras. Años más tarde, cuando Borges visita a su amigo en Italia, Ricci le propone editar sus libros favoritos del género fantástico. Borges acepta y hasta piensa un título: «Colección de la Sombra». Finalmente acordaron nombrarlo «La Biblioteca de Babel». La lista que elaboró Borges constaba de 30 títulos. Cada volumen contiene un relato o una selección de relatos (de uno o varios autores) prologado por el escritor a excepción del propio. La colección fue publicada por primera vez en italiano entre 1975 y 1981 bajo el sello de Franco María Ricci Editore.
En la ocasión en la cual el editor le cuenta y promete a su amigo la utopía de construir el laberinto más grande del mundo con plantas de bambú para que parecieran, como dijera Borges, letras de un libro sin fin, Borges le responde: pero si el laberinto más grande del mundo ya existe, es el desierto.
En 2004, Ricci vendió su editorial para dedicarse al diseño del laberinto y su legado. El parque cultural alberga también espacios de más de 5.000 metros cuadrados, destinados a la rica colección de arte del editor (unas 500 obras del siglo XVI al XX) y una biblioteca dedicada a los ejemplos más ilustres de tipografía y gráfica. Todos los libros por él editados en cincuenta años de actividad, completan esta colección exquisita e histórica.
Volviendo al magnífico dédalo, durante el camino se descubre paso a paso la historia de los laberintos, partiendo del mito de Creta, pasando por la Edad Media, el Renacimiento y hasta nuestros días. En estos paneles explicativos, se incluye la referencia al cuento La casa de Asterión de Borges: relato de fantasía y horror, fue publicado primero en 1947 en el diario Los anales de Buenos Aires y luego en 1949 dentro de su obra El Aleph. En él, Borges trata el infinito a partir de un cuento de la mitología griega. Asterión, el personaje principal, comienza su discurso a partir de su casa, el laberinto, y cómo el salir del laberinto y ver el exterior, produce en él una serie de incógnitas que asocia con su casa, que es “infinita”.
Les comparto este excelente cuento que me recordó la soñada visita al Laberinto de la Masone. Espero lo disfruten tanto como yo.
La casa de Asterión
Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro: Biblioteca, iii, I.
Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios pero si la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida). Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se posternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó en el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocaremos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás como el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanza todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
— ¿Lo creerás, Ariadna? — Dijo Teseo—. El minotauro apenas se defendió.
Acompaña esta entrada, foto de «Boutique10», acrílico sobre tela de 30cm x 20cm, de la Serie «Todo Fluye».
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