Es tan emocionante ver a la gente frente a mi obra, cuando logran conectar ya sea con mi mensaje o con el color, por alguna razón, es como si hubiesen conectado también con una parte de mí.
Creo que uno como espectador conecta con ciertas obras y con otras no, obviamente. A veces por desconocer el tema que el artista esta trabajando; otras simplemente porque uno no está sensibilizado con esa temática en ese momento.
Pero cuando uno, como espectador, conecta, puede llegar a vivir emociones tan fuertes que tal vez tenga la dicha de recordarla por siempre.
Eso es lo que sentí frente a algunas obras de algunos artistas, que me parecieron fabulosas.
Por citar algunas, aún recuerdo la enorme emoción que sentí, que me llevó hasta las lágrimas, cuando estuve frente a la obra de Mark Rothko en la Tate Gallery de Londres. Y también, como conté en otra entrada del Blog, lo energizada y super poderosa que me sentí después de ver la exposición de Yayoi Kusama en el Malba de Buenos Aires.
No significa que me guste absolutamente toda la obra de los artistas que me conmovieron de tal manera; pero el solo hecho que algunas de ellas lograsen llegar a fibras íntimas de mi ser, que me hicieran emocionar de ese modo, me generó amor hacia ellos como artistas y un enorme agradecimiento por tan hermosos momentos.
Si yo logro energizar a alguien con mi obra, si logro llegar a emocionar positivamente con mi pintura, si logro que haya gente que se enamore de la obra, de los colores, de las texturas, al punto de recordarla o de comprarla para poder verla cada vez que le plazca, ya con eso me doy por satisfecha.
Mostrar mi obra al público es una manera de abrir mi alma, mi espíritu, mi corazón, a otros, muchas veces desconocidos. Significa dejar a la luz parte de mis anhelos, mis sueños, mis esperanzas, mis luchas internas, mis zonas oscuras, mis zonas problemáticas, mis fantasías y también mis ilusiones y parte de mis emociones. Y eso, no es una tarea tan simple que digamos. Es un aprendizaje que se va haciendo en el camino y que valoro muchísimo.
Por eso, durante las exposiciones, ver al público mirando y disfrutando mi obra es un gran placer. Es magnífico cuando viene gente entusiasmada queriendo tener una de mis obras en su casa, porque les encanta la energía y la emoción que les genera, eso es un regalo para el alma. Asimismo, es maravilloso cuando los invitados me comentan la obra o festejan verla en vivo y en directo o cuando la gente la celebra a través de las redes sociales.
Sepan que todo esto es un regalo para mí. Lo agradezco y lo atesoro.
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