Es difícil explicar con palabras las emociones y las reflexiones a las que me llevó la visita al “Institute of Contemporary Art” de Boston, pero lo intentaré a continuación.
Lo descubrí de casualidad, visitando la ciudad, busqué en Google maps que había cerca del hotel donde me hospedaba para ir caminando y apareció el ICA. Me atrajo la sigla y la idea de arte contemporáneo y sin mayores informaciones me lancé hacia allí.
Y me encontré con un lugar súper actual, donde se siente que las cosas están pasando ahora, son el hoy y son el futuro. Eso es al menos lo que yo sentí.
Cuando terminé la visita y comencé a investigar un poco acerca del lugar descubrí que es un Museo dedicado al arte de nuestro tiempo. Fundado en 1936 su nombre original fue Museo de arte Moderno de Boston, adoptando su nombre actual en 1948 para reflejar su misión principal: descubrir y promover a los mejores artistas activos de hoy.
Es una institución sin fines de lucro que depende de subvenciones, donaciones, admisiones, membrecías, ventas de boletos y de artículos en su tienda de regalos con una selección de objetos de diseño, joyas, libros de arte y juguetes.
El edificio es magnífico, con mucho vidrio, mucha luz, desde donde se puede ver la belleza del agua y las marinas. Su diseño entrelaza el espacio interior y exterior, ofreciendo perspectivas variadas de la costa desde las galerías y áreas públicas del museo.
Ni bien ingresé al edificio me encontré con una magnifica obra de Eva Lewitt, que llena de color el espacio y da sensación del movimiento al inmenso foyer. Se trata de una instalación/escultura “site specific”, realizada con material liviano en diversos colores (me hacía pensar en el material con que se hacen las cortinas screen). Una especie de obra abstracta, que cuelga de la pared, generando círculos y líneas de diversos tamaños, ubicada sobre en una enoreme pared blanca, muy alta, en un salón casi despejado, rodeado de paredes de vidrio que dan al exterior, desde donde entra la luz del afuera.
Eva es la hija del gran artista Sol LeWitt, por lo que creció rodeada de arte, jugando en el taller de su padre con los materiales sobrantes de las obras que él realizaba. Sin dudas a logrado un lenguaje propio, lleno de color y movimiento, admirable!.
Las galerías se encuentran en el cuarto piso, al que se accede por un ascensor vidriado, que nuevamente permite no solo ver parte del Museo, sino también del exterior.
Las blancas salas de exposición presentan cuadros grandes con mucho color y textos maravillosos en lo que a curaduría y texto de sala se refiere. Obras todas muy interesantes, con artistas que tratan el tema del género, juegan con la fuerza del color, investigan sobre la compañía y la soledad. Algunos trabajos de tiempos de pandemia, otros mas abarcativos.
A la belleza de las exposiciones se sumó la muestra de la inconfundible y adorada Yayoi Kusama, a la que se permitía entrar y permanecer solo por dos minutos, suficientes para volver a vibrar con la energía de su obra, oyendo su voz recitar un poema en japonés. La magia de Kusama, volvió a hacer de las suyas, encerrada en un cuarto lleno de espejos que reproducen la imagen por todos los rincones. Magia pura que nos expone en distintas perspectivas y que a mí particularmente me llena de energía.
Todo en este Museo me resultó altamente admirable, me encantó, sorprendió, energizó, me dieron unas ganas enormes de trabajar y seguir trabajando como lo venimos haciendo.
En parte de la recorrida podía escucharse una mucha música alegre, latina, brasilera. Se trataba de una exposición en particular, que dejé para el final de esta nota: ya que fue un trabajo magnífico que me atrapó. Se trata de un corto titulado “Swinguerra” presentado en una gran sala con dos grandes pantallas casi enfrentadas, dispuestas en penumbras, con cajones de madera clara sobre una gran alfombra de goma negra que hacían las veces de gradas o bancos.
Los filmakers son Bárbara Wagner y Benjamin de Burca. La obra es de 2019 y presenta un competencia de grupos de danza del norte de Brasil, con énfasis en performers transgenero, no binario y queers. El film muestra tres estilos de danza contemporánea, donde la luz, el clima que se crea, la fotografía, la música, todo conforma un gran espectáculo, un poco extravagante y a la vez íntimo, donde la música y la danza son mostradas como fuentes de resistencia, de alegría y de energía. Lucimiento de lo individual como parte de algo más grande, como parte de lo grupal, para individuos marginalizados por la sociedad. Sinceramente, disfruté, me emocioné, conecté y me permitió tener otra mirada sobre la situación de grupos vulnerados por la sociedad de la que todos somos parte.
Una hermosa experiencia.
Mir Diaz Araya
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