Hoy último viernes del mes de abril 2021, mi querida Jackie Kuscic vuelve a contarnos peculiaridades de Borges, su vida y sus escritos.

Gracias Jackie, un placer como siempre.

Aquí los dejo con ella.

 

Ya termina Abril 2021 y pensando el tema de esta colaboración en el espacio de mi amiga Mir, recordé que fue en este mes, un 26 de abril de 1986, el día en que el Maestro se casó con María Kodama.

¿Y quién es María Kodama, su Ulrica? Hija de madre suiza y de padre japonés, nació en Buenos Aires un 10 de marzo de 1937. Es profesora de literatura argentina, escritora y traductora.

La historia oficial dice que la pareja se conoció cuando ella tenía 16 años y estudiaba Literatura y juntos años más tarde, estudiaron literatura inglesa antigua, compartieron viajes, conferencias y los últimos días de la vida del escritor.

María Kodama cuenta como lo conoció y lo reconoció:

“Fue algo muy divertido, porque él era loquísimo y yo también. De modo que por eso se pudo dar esa relación fascinante, sino no se hubiera dado. Yo quería estudiar literatura, entonces un amigo de mi padre, que era un fanático de Borges, le dijo que, por lo menos una vez en la vida, tenía que escuchar a ese hombre, que para él era el mejor escritor y era importante que yo lo escuchara. Mi padre le dijo que me preguntara a mí, estaba seguro que no iba a entender nada, pero bueno, si quería ir, que fuera. Entonces voy. Fue muy interesante porque la sala estaba llena, la gente sentada en el piso. Y cuando sube al escenario… yo siempre quise enseñar, pero mi angustia era que yo no tengo volumen de voz, no lo tuve nunca y además de eso era re tímida. Si había diez personas de visita yo me escondía debajo de la cama, en un placard, no quería estar con gente que no conocía, entonces me preguntaba a mí misma cómo iba a ser yo, sin volumen de voz, siendo tímida, para hablar delante de treinta alumnos. Eso me llenaba de angustia. Cuando él sube al escenario, yo siento que los tímidos se reconocen como animales en la selva. Yo me digo: “Pero este señor es más tímido que yo y cómo va a hablar delante de toda esta gente”. Cuando él comienza a hablar, tenía un tono de voz muy bajo, yo quedé asombrada, y dije: “Si este señor puede, yo voy a poder”. Entonces eso fue como la primera seguridad que me dio en mi vida.

Antes de eso, una cosa maravillosa: yo tendría nueve años, diez, y no sabía que eso fue antes de que me llevara este hombre a escucharlo. Yo no sabía quién era Borges, era muy chica, entonces tomé un libro que había en mi casa y empiezo a leer: “Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche”. Yo dije: “¿Qué es esto?” Lo leí hasta el final sin entender intelectualmente nada, por supuesto, pero quedé atrapada por el ritmo que tenía esa prosa, para siempre, a tal extremo que si salía una ley diciendo que hay que quemar la obra de todos los escritores salvando una pieza, de toda la obra de Borges, sería la única que yo salvaría. Imagínense de qué manera me tomó a mí esa lectura sin entender. Por eso yo siempre digo: “Entender es una etapa secundaria, hay que sentir. Si uno no siente, déjelo, espero cinco años, diez, vuelva a leerlo”. Es como en la amistad o en el amor: uno cuando encuentra a alguien sabe si puede ser amigo o si puede enamorarse o no. Eso se siente antes del trato con esa persona, ¿verdad? Por lo menos así me pasa a mí, creo que a todo el mundo debe pasarle.”

Educada por su padre de acuerdo a los principios y las reglas del Japón en el que él nació, se considera japonesa. Compartieron dos viajes a Japón, en 1979 y 1984, en los que Borges se interesó por los jardines, los templos y las representaciones de arte tradicional japonés, que recorrió a través del sonido y el tacto debido a su ceguera.

Pero volvamos a la literatura del Maestro: luego del primer viaje a Japón Borges comenzó a componer “haiku”. Su admiración por el imperio del sol naciente, también se expresó en el cultivo de esta forma de poema. Admiraba sobre todo, dos de sus características: la brevedad y el hecho de que en el haiku no hay metáfora sino sólo contemplación, contraste, la enunciación de un hecho pero sin el afán de querer convertirlo en otra cosa.

La métrica ideal de un haiku es tres versos de diecisiete sílabas: el primer verso con 5, el segundo con 7 y el tercero con 5 sílabas. Y Borges logra en sus haikus incluidos en el  libro “La cifra” publicado en 1981,  que casi todos ellos sigan la métrica o la regla formal. Norio Shimizu, un hispanista japonés dijo sobre esta composición, “es una creación magistral siguiendo sorprendentemente la poética formal de Japón. Me atrevería a afirmar que solo a unos contadísimos poetas especialmente dotados se les permite el lujo de realizar este tipo de milagro: unión o convergencia armónica entre unas extremas restricciones formales y una condensada creación liberadora.”

Les presento Diecisiete haiku, cifra que coincide, ¿curiosamente? con el número de sílabas de cada poema y los invito a sentir y saborear la cadencia japonesa de las manos del Maestro Borges. Espero lo disfruten tanto como yo.

Diecisiete haiku

Algo me han dicho
la tarde y la montaña.
Ya lo he perdido.

La vasta noche
no es ahora otra cosa
que una fragancia.

¿Es o no es
el sueño que olvidé
antes del alba?

Callan las cuerdas.
La música sabía
lo que yo siento.

Hoy no me alegran
los almendros del huerto.
Son tu recuerdo.

Oscuramente
libros, láminas, llaves
siguen mi suerte.

Desde aquel día
no he movido las piezas
en el tablero.

En el desierto
acontece la aurora.
Alguien lo sabe.

La ociosa espada
sueña con sus batallas.
Otro es mi sueño.

El hombre ha muerto.
La barba no lo sabe.
Crecen las uñas.

Esta es la mano
que alguna vez tocaba
tu cabellera.

Bajo el alero
el espejo no copia
más que la luna.

Bajo la luna
la sombra que se alarga
es una sola.

¿Es un imperio
esa luz que se apaga
o una luciérnaga?

La luna nueva.
Ella también la mira
desde otra puerta.

Lejos un trino.
El ruiseñor no sabe
que te consuela.

La vieja mano
sigue trazando versos
para el olvido.

 

Acompaña esta entrada, foto de «Espiral concéntrico» y su sombra, papel calado a mano de 30cm x 20cm, año 2020.