Como cada último viernes de cada mes, mi querida amiga Jackie Kuscic nos transporta a su mundo y al mundo de Borges. Como siempre un placer y mi mas sincero y enorme agradecimiento por esta notable participación.

Aquí los dejo con ella.

Mayo 2021 me encuentra en el Mediterráneo. Y trae consigo recuerdos ancestrales. Comienzo a pensar en mi colaboración con el blog de mi querida amiga y obviamente surge el mar.

Mayo y el Mar (o More o Mare), mis tres maneras de verbalizar cuando pienso en esa maravilla. Y encontrando causalidades…

  • Mayo, el mes dedicado a los majorum (mayores en latín),
  • y More (en croata) de donde vivieron por siglos mis antepasados antes de llegar a la llanura pampeana.

Nacida y criada en esa llanura a muchos kilómetros del mar, cada vez que logro estar a sus orillas percibo una antigua y placentera conexión con ese posible destino isleño.

Pero volvamos a Jorge Luis Borges y su relación con el mar. Buceando en la “infinita biblioteca”, encontré una nota realizada en 1982, en la que se cuenta que, invitado a Villa Gesell para dar una conferencia y dejar inaugurada una sala de teatro, Borges desechó el ofrecimiento que le hicieron de construir un tablado que lo llevara más cerca del océano. A unos metros de la arena, se detuvo, oyó la eterna canción de las olas barriendo la arena y después habló del mar.

«El mar. . . Pocas veces he escrito sobre el mar. El primer poema que publiqué era un himno al mar. Pésimo, realmente, una vergüenza, vea… Lo he olvidado. Me he arrepentido tanto… Es que yo me he arrepentido de casi todo lo que he escrito. Pero no pierdo la esperanza de llegar o de haber llegado, quizá, a tres o cuatro buenas páginas. Es que los escritores nos pasamos la vida esperando esas tres o cuatro páginas que puedan justificarnos. Y hasta ahora me parece que no he llegado, voy a llegar más adelante (ríe). Hay tiempo… La Biblia aconseja setenta años de vida. Yo llegué a los ochenta y dos. Schopenhauer cita una opinión de los hindúes que fijan la edad ideal del hombre en cien años. Todavía tengo tiempo.»

«Felizmente no me acuerdo nada de ese poema del mar que hice. El mar ha sido maltratado por tantos poetas. El color del mar, el azul, fue uno de los primeros colores que dejé de ver. Primero fue el negro y el rojo. Luego el azul y el amarillo. Ahora, para mí es todo vagamente gris y luminoso.»

«El sol… Caramba, yo detesto el sol. El sol puede gustar en los países muy fríos, donde es raro. En Sudamérica, no. Cuando yo era chico las mujeres trataban de no quemarse. Si no, parecían mulatas. A nadie se le ocurría extenderse en la arena. Yo me acuerdo de las playas de Capurro, de Pocitos, de Ramírez, en la Banda Oriental. Yo veraneaba en Uruguay cuando era chico. También iba a Mar del Plata. Pero siempre le escapaba al sol. A los chicos no nos dejaban salir después de almorzar, y la resolana era muy temida también. Yo le escapaba al sol. También las mujeres. Se usaban las mujeres blancas. Por eso se ponían esos trajes de baño tan altos. Ahora ya no les importa.»

«El agua, en cambio, me gustaba mucho. Era un buen nadador. Nadé  mucho en ríos. En el arroyo Ramallo, en el río Uruguay también. En el mar es muy fácil nadar. Los nadadores de río son mejores porque muchas veces tienen que nadar contra corriente. Nunca fui un especial nadador de río pero una vez, estando en Mallorca, me di cuenta de que era mejor que los de ahí. Porque ellos son nadadores del Mediterráneo y los nadadores de mar, como le digo, nunca han sido buenos nadadores.»

«En la literatura, es curioso. En los principios de la poesía inglesa se habla del mar. Siempre del amor al mar, del culto al mar, de la cercanía al mar. En cambio en la poesía española, no. España nunca tuvo el sentido del mar. El descubrimiento de América casi no lo sintió la literatura española. En cambio, en la portuguesa, el mar está presente de una u otra manera. Los ingleses, creo, han escrito las mejores cosas en torno al mar. Recuerdo un poema que se llama El navegante. Es del siglo IX. Fue escrito en inglés antiguo, que es mucho más sonoro que el inglés actual. Hace referencia al Mar del Norte. Es una elegía. Tiene toda la fuerza del mar. ‘No tiene ánimo para el arpa/ ni para los regalos de anillos/ ni para el goce de la mujer/ ni para la grandeza del mundo. Sólo anhela las altas corrientes saladas’.»

Volviendo a su primer poema, Himno del mar, fue sin dudas muy importante a pesar de su posterior “arrepentimiento” de esas letras. Se publicó el 31 de diciembre de 1919 en la revista Grecia, en la ciudad de Sevilla. A sus 20 años, catorce después de haber comunicado a su padre su decisión de ser escritor. No se encuentra repercusión de ese hecho, y tal como lo expresó en la nota no lo incluyó en ningún libro ni antología posterior. En su Ensayo Autobiográfico, dice que corresponde al período de su “equivocación ultraísta”. Respetando esa opinión del maestro, no compartiré ese poema.

Nos regaló luego maravillosas palabras sobre el mar. Transcribo dos poesías, Singladura y El Mar, publicadas respectivamente en 1925 en Luna de Enfrente y en 1964 en El otro, el mismo.

Espero las disfruten tanto como yo.

SINGLADURA

El mar es una espada innumerable y una

plenitud de pobreza.

La llamarada es traducible en ira, el

manantial en tiempo, y la cisterna en clara

aceptación.

El mar es solitario como un ciego.

El mar es un antiguo lenguaje que ya

no alcanzo a descifrar.

En su hondura, el alba es una humilde tapia

encalada.

De su confín surge el claror, igual que una

humareda.

Impenetrable como la piedra labrada persiste

el mar ante los muchos días.

Cada tarde es un puerto.

Nuestra mirada flagelada de mar camina por

su cielo: Última playa blanda, celeste arcilla

de las tardes.

¡Qué dulce intimidad la del ocaso en el huraño

mar! Claras como una feria brillan las

nubes.

La luna nueva se ha enredado a un mástil.

La misma luna que dejamos bajo un arco de

piedra y cuya luz agraciará los sauzales.

En la cubierta, quietamente, yo comparto la tarde

con mi hermana, como un trozo de

pan.

 

EL MAR

Antes que el sueño o el terror tejiera
Mitologías y cosmogonías
Antes que el tiempo se acuñara en días
El mar, el siempre mar, ya estaba y era

¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
Y antiguo ser que roe los pilares
De la tierra y es uno y muchos mares
Y abismo y resplandor y azar y viento?

Quien lo mira lo ve por vez primera
Siempre. Con el asombro que las cosas
Elementales dejan, las hermosas
Tardes, la luna, el fuego de una hoguera

¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
Ulterior que sucede a la agonía

 

Acompaña foto del cuadro: «Mares», acrílico sobre tela de 100cm x 80cm, año 2019, de Mir Diaz Araya