Pasaban los minutos y los jóvenes de la familia, continuaban aguardando que bajara la abuela. Cumplía cien años y había decidido festejar solo con sus tres nietos menores, varones ellos. Eran los únicos, con los que podía decir cualquier cosa sin que le echaran una mirada de reprobación. Concepción exigía su derecho, a expresar y hacer, lo que se le viniera en ganas y lo último que permitiría en su centenario, era la censura.

-Es raro, ella es muy puntual. ¿Habrá pasado la diligencia?

-Qué salado que estás, imposible, hoy no nos haría eso, sería incapaz de dejarnos sin comer su tiramisú.

-Miren, ahí viene. Ambos son unos pelotudos de primera, siempre jugando con la parca, me encantaría estar el día quela mujer de negro aparezca por la puerta y les muestre la guadaña, a ver cuál de los dos se caga primero.

(Al unísono)

-“Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, que los cumplas querida abu, que los cumplas feliz”.

¿Cómo empezaste tú día?

-Como siempre, esperando la carroza.

“Chus, chus, chus”, sus tres nietos la señalan, con los dedos índice y meñique extendidos y los restantes escondidos en la palma de la mano. Estallan en risas y se abrazan con cariño.

-Disculpen chicos que los hice esperar, en realidad fue a propósito, quería experimentar que siente una mujer de cien años, siendo ansiosamente aguardada por tres jóvenes hambrientos. Ana María, por favor servimos un whisky doble acada uno y ni se te ocurra mencionárselo a mis hijos.

-Cómo si le hiciera mella lo que pudieran decir.

-El problema es que me hartan con sus consejos, se atiborran de remedios, están que se caen en pedazos y pretenden que los acompañe en la dieta: ¡tres litros de agua por día!, todavía no comprendieron, que la humedad, es nefasta para los viejos. Alcohol y picante son palabras prohibidas, no entiendo, no les hago el mínimo caso, ¿resultado?: culito de bebé. En cambio, ellos, viven con la cremita hemorroidal en el bolsillo y guay que se les acabe.

-Perdona que el otro día cuando me llamaste, no comprendía lo que decías, estaba en la Fiscalía, allí hay mucha interferencia y te escuchaba entrecortada. -dice Andrés, el nieto abogado-. Me comentabas sobre un artículo que estabas leyendo…

-En realidad estaba compartiendo mis pensamientos, puedo hablar con tan poca gente, los mediocres me sacan de quicio, con ustedes puedo conversar de cualquier cosa que me siguen el hilo, no precisan ir al VAR a cada momento para consultar cómo fue la jugada. Ah sí, futbolera hasta la muerte, ¿habrá torneos en el más allá? Eso espero, porque necesito hinchar por alguien, sino todo se vuelve muy aburrido.

Volviendo al tema de la llamada, intentaba decirte que tengo una preocupación que ha sido una constante en mí, ¿será posible que logre equilibrar corazón, instinto y razón?. Como ahora me sobra el tiempo -bueno eso dicen todos, aunque yo creo que es al revés- me entretengo analizando mi propio comportamiento. Leyendo en Internet encontré un informe sobre el cerebro triuno…

-Es un tema apasionante -interrumpe Santiago, que le faltan dos exámenes para recibirse de médico-, el triuno está compuesto por tres sistemas independientes, el reptiliano, el límbico y el neocortical. Se ha avanzado mucho al respecto, hay quienes sostienen que se pueden controlar los sistemas.

– A la abuela no le hables de “controlar” porque te corre de la mesa, clarito utilizó la palabra “equilibrar”, fiscalizar noes lo mismo que igualar.

-Disculpas señor ortodoxo de las letras, me olvidé que los abogados son los reyes de la manipulación, no, no te enojes, me refiero al manejo de las palabras. Tú entendiste muy bien que quise decir, guardá la cátedra para la facultad.

¿Puedo seguir con el cerebro? Les cuento que el reptiliano, está relacionado con los medios de sobrevivencia, ejemplo las réplicas ante el peligro, la comida y el sexo. El límbico tiene que ver con las emociones, es el que nos hace sentiralegría, angustia, temor, agresión y enojo.

Leandro, el menor de los hermanos, escucha con cara de aburrido, pero no se anima a decir ni una palabra, fue la abuela la que planteó el asunto y si hace alguna broma, corre el riesgo de que lo bañe con el agua, que justo doña Concepción, se dispone a tomar. Piensa, “debe ser a eso que se refiere, cuando dice que no logra equilibrar corazón, instinto y razón, siempre ha sido de mucho carácter, muy buena, pero algo belicosa”.

Se sirve otro whisky y continúa escuchando.

-¿Y el neocortical? -pregunta Andrés-

-El neocortical es el más evolucionado, tiene que ver con la parte racional. Hay muchos estudios que aseveran que el hemisferio derecho está vinculado a la lógica, análisis y síntesis y el izquierdo al área artística, procesos imaginativos y creativos.

-Entonces -terció Leandro- yo soy puro hemisferio izquierdo y Andrés derecho al cuadrado.

-Tú solo eres un despreocupado -se apresura a contestarle el aludido- que con el cuento de que para poder ayudar a los demás, uno primero debe quererse a sí mismo, se pasea por el mundo sin asumir responsabilidad alguna. Hasta en actor te has convertido, no puedo negarlo, sos muy bueno sobre el escenario. Pero esas vidas son ajenas, ¿cuándo te vas a animar a vivir la propia? ¿temes al dolor?, el dolor es parte de todo, pero también hay alegrías y solo disfrutarás de unavida plena si te expones al combo íntegro.

-¿Y doña Pepa, a cuál de nosotros dos le das la razón?

-Leandro, estoy harta de decirte que no me llames así, ¿te da vergüenza decirme por el apodo de Concepción? Entonces solo di abuela. Odio la pusilanimidad por cosas que son naturales: pipí, popó, pichulín, la pepa, ¡cuánta estupidez! Cuando me ennovié con vuestro abuelo Justo, era un señorito muy melindroso, así lo habían criado. Destacaba su inteligencia y corazón, mejor nombre no le habrían podido poner. Recuerdo la primera cena en que me llevó a conocer a su familia, una larga mesa: padre y madre en las cabeceras, a los costados hijos y nueras. Justo tuvo la mala idea depreguntarme si me sentía bien, porque me encontraba algo demacrada. Le respondí que no se preocupara, que solo estaba menstruando. Tendrían que haber visto los cachetes colorados de la familia, parecían irlandeses, que por cierto no lo eran, todos se llevaron las servilletas a la boca y tragaron un largo sorbo de vino. Por varios minutos el silencio fue el invitado de honor. A mí me hizo tanta gracia la reacción, que cada vez que quería fastidiarlos decía “ay, como me punzan los ovarios, no hay caso, Dios es hombre, nos dio a las mujeres la bendición de la menstruación y de parir con dolor”, por dentro me carcajeaba, no duden que me lo cobraron con creces. Me odiaban, pero Justo, que estaba harto de tanta hipocresía, se enamoraba más y más, no pudieron empañar nuestra felicidad, setenta años sembrando y cosechando: pasión, dolor, amistad, tristezas. Según los vaivenes de la vida y las prueba que Dios y algunos mortalesnos imponían, era como enfrentábamos las situaciones, eso sí, siempre codo a codo. Por ello no le temo a la muerte, séque el abuelo estará esperando para recibirme, él debe habitar un círculo mucho más elevado que el que mecorresponderá a mí, los puntos acumulados en mi saldo son escasos, lo menos dos o tres pisos por debajo del abuelo. Pero seguramente, el Señor que es tan bondadoso, decretará permiso para una visita semanal, algo así como la reuniónconyugal de las cárceles.

Los tres coincidieron en que no deseaban que equilibrara nada. La idolatraban así como era, con los hemisferiosintermitentes y fluctuantes, a veces chispeante, otras iracunda, pero siempre generosa y comprensiva. Una abuelaadorable. Se pararon y la envolvieron en un fuerte abrazo, un escudo poderoso y tenaz que le indicaba a la parca, que allí no era momento de rondar.

Delia Correa Luna – 13 de diciembre de 2020

 

Acompaña foto del cuadro: «Prosperidad», acrílico sobre tela de 120cm x 100cm, 2019. De la Serie «Todo Fluye».