Desde tu partida, mis días y noches

son frías y extensas,

sin música, sin alegría, sin belleza.

 

Mi alma y mi cuerpo invernan

en un solitario rincón de esta misma vida.

 

Quizás al escribir estos versos,

la medicina que cure mis dulces penas,

hará acto de presencia,

evocando mis pensamientos y recuerdos

calmará la voz del pasado y anestesiará tu viva imagen,

la que no sabe abandonar mi esencia.

 

Evocaré el futuro,

con el alma joven y fresca

nacerá la esperanza

y

escribiré una nueva historia,

no tan intensa,

tranquila y dócil

sin pausa como la estrella

acompañará la otra etapa del camino que resta.