Abuela Ana
Otro día,
Ángel alerta su rutina comienza.
Enjuaga su cara con el agua fresca en el cuenco de porcelana.
El cisne, ese pájaro que habita la polvera de cartón redonda,
Acaricia arrugas de seda en su rostro.
Levanta a Sa Rosaria, su madre.
En el patio, libertad del verano
o cobijada en la pieza por los fríos,
teje la blanca trenza.
El rodete queda plasmado
justo en la nuca, sosteniéndola.
Es el rito matinal de su vida o mi recuerdo.
Un rito que aún está vigente
… y como aquel rodete de trenza, me sostiene…
Tras su sopa-ternura,
Ajo frito, espinaca cortadita, agua y un huevo estallado
Ella se esconde;
Piel de seda blanca / pelo-plata,
Tiende al reto su palabra,
en el rictus de su boca silenciosa
que acompaña una sonrisa que no entrega…
Pero sus ojos hablan,
azul la mirada que acaricia, abiertos brazos que acogen.
Y como habrá sido su sopa-ternura
Que sigue acá… conmigo
Meciéndome en los fríos que asolan mis cincuenta
Y que ahora quiero devolver
Porque ya mi pelo es plata
Y aunque mi piel no es blanca
Es tiempo de ser abuela….
(Empecé a escribir este texto, dos días antes que mi hija me avisara que iba a ser Mamá) 22-01-2001
Iris Ancarola
Acompaña al Poema, foto de «Hojas Verdes», óleo sobre tela de 100cm x 70cm.
Bueno quiero a parte de agradecer las palabras de Rodolfo, decir que su escritura también es muy entrañable, me encantó tu recuerdo y el relato. Gracias¡¡¡¡ Que lindo no perderse en el olvido……
❤️❤️❤️
Lindo poema, me recordó a mí abuela, la. única que conocí, alta, dulce, esbelta, ojos claros, peinada con rodete, culta, directora de escuela, Doña Isabel, que caminaba con su baston cuando yo la conocí de niño.
Recuerdo su casa antigua pero señorial de Rosario, en la que pasé hermosos momentos de mí niñez, disfrutando del jardín, las flores, el frondoso paraíso al que le robaba los coquitos, las idas al gallinero con la ansiedad de encontrar huevitos, el gallo que me miraba agresivo y las comidas de mí tía con el fruto fresco de las gallinas.
Dormir en la cama grande con mí abuela viuda era delicioso, siempre había un cuento salido de su suave vos, que precedia mí sueño de niño cansado de potrear el día.
Nos dejó a los 74 años, siendo yo un adolescente. Cuánto la quise, tanto como la recuerdo siempre, a veces como ahora con una lágrima saltona.
Gracias abuela por tanto amor recibido.
Gracias porque el amor se contagia y en mí ya larga experiencia de vida voy sufriendo esa hermosa enfermedad.
Que hermoso tu mensaje Rodolfo, me hiciste emocionar mucho. Que lindo ver como todo confluye. Te quiero. Beso