Abuela Ana

 

Otro día,

Ángel alerta su rutina comienza.

Enjuaga su cara con el agua fresca en el cuenco de porcelana.

El cisne, ese pájaro que habita la polvera de cartón redonda,

Acaricia arrugas de seda en su rostro.

Levanta a Sa Rosaria, su madre.

En el patio, libertad del verano

o cobijada en la pieza por los fríos,

teje la blanca trenza.

El rodete queda plasmado

justo en la nuca, sosteniéndola.

Es el rito matinal de su vida o mi recuerdo.

Un rito que aún está vigente

… y como aquel rodete de trenza, me sostiene…

Tras su sopa-ternura,

Ajo frito, espinaca cortadita, agua y un huevo estallado

Ella se esconde;

Piel de seda blanca / pelo-plata,

Tiende al reto su palabra,

en el rictus de su boca silenciosa

que acompaña una sonrisa que no entrega…

Pero sus ojos hablan,

azul la mirada que acaricia, abiertos brazos que acogen.

Y como habrá sido su sopa-ternura

Que sigue acá… conmigo

Meciéndome en los fríos que asolan mis cincuenta

Y que ahora quiero devolver

Porque ya mi pelo es plata

Y aunque mi piel no es blanca

Es tiempo de ser abuela….

 

(Empecé a escribir este texto, dos días antes que mi hija me avisara que iba a ser Mamá) 22-01-2001

Iris Ancarola

 

Acompaña al Poema, foto de «Hojas Verdes», óleo sobre tela de 100cm x 70cm.