Hoy en la sección «Contame un cuento» volvemos a encontrarnos con la pluma de Cristina Juan. En esta interesante historia logra generar cierta intriga y crear un clima de intimidad de manera muy rápido. ¡Que lo disfruten!.
A primera vista
Ella estaba recostada contra uno de los pilares del arco de la entrada. Las manos cruzadas detrás de espalda, los pies afirmados en el césped y la cara levantada hacia el sol de una tibia tarde de otoño. La ceremonia había terminado unos minutos antes. Se había escapado del entrevero de saludos, felicitaciones u abrazos. Ya lo haría después. El viento, suave, movía la falda de su vestido. Mmm…mejor, imposible, pensó en el mismo instante en que él, que salía del recinto, se tropezó y chocó de lleno contra ella.
—Perdón, perdón, discúlpame, lo siento —balbuceaba él mientras se apartaba como podía — ¿te lastimé? ¡Soy un atropellado! Lo siento.
Ella hubiera querido decirle que sí, que era un atropellado y que no lo disculpaba nada, pero sólo pudo murmurar, ruborizada para su propio espanto, un tímido «no pasa nada» como si ser embestida así, fuera la cosa más normal del mundo.
Él, hubiera querido separarse más rápido de ella, pero sólo pudo retirarse un paso o dos.
— ¿Amiga del novio o de la novia? —le preguntó sin poder creer lo que acababa de decir.
¿Amiga del novio o de la novia?, ¿qué me pasa? Ahora podría seguir con el típico “trabajás o estudiás” y me recibo de original — se reclamó.
Ella respondió que del novio y creyó oírse preguntar — ¿Y tú? —como si eso le importara. Aspiró su perfume y notó que cerraba los ojos. Se rio. Nunca le prestaba atención a sus ojos, ya no servían, solo estaban ahí, detrás de los anteojos de sol. Sonrió complacida cuando pensó que en esa tarde de sol, ella sería solo una más de tantos con lentes oscuros.
Él contestó algo y, por decir algo, ella algo acotó. Así continuaron. Él no lograba prestar atención a nada más que a ella. Recreó cien veces el contacto con su piel, con su pelo y deseó volver a tropezarse mil veces para tener la excusa de abrazarla. Y cuando la brisa se alió y el vestido rozó su mano derecha, decidió declararle su amor, pero solamente le dijo:
— ¿Me darías tu número de teléfono? —y otra vez se maldijo por tonto.
Apretó los dientes y los ojos sin querer, un típico gesto de fastidio que rogó que la barba y los lentes de sol hubieran disimulado. Respiró aliviado cuando ella respondió:
—Si, 348526.
Él pensó que era el número telefónico más lindo que había escuchado en toda su vida.
Ella le preguntó impaciente si lo había anotado e ipso facto se arrepintió. Parezco una adolescente, no una mujer de treinta años, no me va a llamar nunca —se lamentó.
“Lo grabé aquí”, le había respondido él. Supuso que “aquí” era su mente.
— ¡Te encontré! —exclamó una amiga de ella —Hola —le dijo a él.
Era hora de irse. Ella se aferró al brazo de su amiga, como hacen tantas amigas.
—Bueno, chao —dijo ella.
—Sí, chao —respondió él —un gusto —agregó.
—Lo mismo digo.
—Que pases bien —dijo él.
—Tú también —contestó ella.
—Adiós.
—Sí, adiós.
La amiga le dio un tironcito del brazo y comenzaron a caminar. Cuando estuvieron a una distancia prudente para que él no las escuchara preguntó con gran curiosidad:
— ¿Se puede saber que fue todo eso? ¿Quién es él?
—El amor, el amor de mi vida —soltó ella.
— ¿El amor de tu vida?
— ¿Eh?
—Que es el amor de tu vida me dijiste.
—Yo no dije eso.
—Pues sí, lo dijiste.
—Bueno. Me pidió mi teléfono, el número.
— ¿Yyy?
—Se lo di. Pero no sé, creo que no se dio cuenta de mi accidente, ya sabés, del problema.
La amiga la abrazó.
Él se quedó parado al lado del pilar del arco de la entrada. “Tres cuatro ocho cinco dos seis”, dijo. Y otra vez: tres cuatro ocho cinco dos seis, y de nuevo y luego, una vez más. Mientras repetía el estribillo de la recién estrenada canción, resolvió que no quería tropezar con nadie más que con ella. Metió la mano en el bolsillo del saco del traje y con destreza desplegó un bastón blanco. Con paso seguro, se alejó tarareando “tres cuatro ocho…”
Cristina Juan
Acompaña foto de «Plaquen color» papel calado a mano de 18cm de diámetro de la «Serie Papel calado a mano»
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