La temática de esta nueva colaboración en el blog de mi querida amiga Mir fue elegida por ambas y, afortunadamente “en forma presencial”!
Entre los cientos de temas que hablamos, le conté que había visitado una casa de Adrogué en la que el maestro pasó varias temporadas; ello trajo a su memoria palabras que Borges repetía: ”En cualquier parte del mundo en que me encuentre cuando siento el olor de los eucaliptos, estoy en Adrogué”. Y estuvo definido el tema de septiembre …
El maestro conoció a Adrogué de pequeño: «Aprendí a andar en bicicleta y paseé entre los árboles, los eucaliptus y las verjas», dijo en una conferencia de 1977 que llamó «Adrogué en mis libros».
Su familia, que vivía en Capital Federal, alquilaba una quinta a principios del siglo XX llamada La Rosalinda (actualmente no existe). Luego vendría el tiempo del hotel La Delicia, el de los espejos. «Sobre el portón decía La Delicia, salvo que nadie utilizaba el singular, sino el plural, que es mejor. Hay cuentos míos que parten de ese lugar o regresan a él.
«Cuando su padre murió en 1938, su madre compró un terreno e hizo construir una casa a la que iban durante los veranos. En 1953 la vendieron. En esta locación hoy (la casa que conocí) funciona el museo Casa Borges, re inaugurado el pasado agosto 2022.[1]
Los recuerdos de sus estadías en la ciudad se sumaron a sus eternas pasiones/obsesiones, a las que vuelve una y otra vez y fueron inspiración para sus relatos y poemas.
Entre la numerosa presencia “del Sur” (ubicación de Adrogué respecto a Capital Federal) en su obra, elegí cuatro situaciones en las que la musa de Borges lo hace rememorar sus días en el lugar:
- Hotel La Delicia. Según expresa en un reportaje: «Lo que he tratado de decir sobre Adrogué, sobre el Sur, sobre el hotel Las Delicias, todo lo he dicho mejor, creo, en un poema». Escribió en dicho poema; «Su olor medicinal dan a la sombra/ Los eucaliptos: ese olor antiguo/ Que, más allá del tiempo y del ambiguo/ Lenguaje, el tiempo de las quintas nombra.» Y al final de otra estrofa: «Pero todo esto ocurre en esta suerte/ De cuarta dimensión, que es la memoria. En ella y sólo en ella están ahora/ Los patios y jardines».
- En el cuento «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» también alude al hotel. Comienza «Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar». Y a medida que avanza la acción, dice así: «Algún recuerdo limitado y menguante de Herbert Ashe, ingeniero de los ferrocarriles del Sur, persiste en el hotel de Adrogué, entre las efusivas madreselvas y en el fondo ilusorio de los espejos».
- Aparece en el cuento «La intrusa» el rancho de los Iberra, en Turdera. Borges explica: «Había empezado la historia de dos hombres, dos hermanos que se disputan la misma mujer. Y me acordé entonces de los hermanos Iberra. Y se dijo “ ¿Por qué no ocurrirlo en Turdera? Pensé: si sitúo un cuento mío en Turdera en mil ochocientos noventa y tantos, ¿quién puede saber cómo eran los hombres de aquellas orillas del Sur? Prefiero situar mis cuentos en las orillas de Palermo o en las orillas de Adrogué, a fines del siglo pasado».
- El cuento «El Sur» transcurre en una pulpería (hoy restaurante Almacén de Ramos Generales Santa Rita). Narra Borges en el cuento: «Dahlmann había logrado salvar el casco de una estancia en el Sur, que fue de los Flores: una de las costumbres de su memoria era la imagen de los eucaliptos balsámicos y de la larga casa rosada que alguna vez fue carmesí».
Descubrí también buceando en la biblioteca infinita, que existe un libro de poemas llamado Adrogué, escrito por Jorge Luis Borges e ilustrado por su hermana Norah. El libro tuvo origen en una charla de Borges acerca de «Adrogué en sus libros» en la celebración en 1977 de la primera Semana de la Cultura en el partido de Almirante Brown donde se sitúa Adrogué. La obra es una edición limitada que no conocía. Infinito Borges como su soñada biblioteca.
He leído sí, el poema mencionado anteriormente y que forma parte de la publicación de 1960 del imperdible libro El hacedor. Lo comparto y espero que los acerque como a mí al sentimiento nostálgico del genial escritor.
Adrogué
Nadie en la noche indescifrable tema
Que yo me pierda entre las negras flores
Del parque, donde tejen su sistema
Propicio a los nostálgicos amores.
O al ocio de las tardes, la secreta
Ave que siempre un mismo canto afina,
El agua circular y la glorieta,
La vaga estatua y la dudosa ruina.
Hueca en la hueca sombra, la cochera
Marca (lo sé) los trémulos confines
De este mundo de polvo y de jazmines,
Grato a Verlaine y grato a Julio Herrera.
Su olor medicinal dan a la sombra
Los eucaliptos: ese olor antiguo
Que, más allá del tiempo y del ambiguo
Lenguaje, el tiempo de las quintas nombra.
Mi paso busca y halla el esperado
Umbral. Su oscuro borde la azotea
Define y en el patio ajedrezado
La canilla periódica gotea.
Duermen del otro lado de las puertas
Aquéllos que por obra de los sueños
Son en la sombra visionarios dueños
Del vasto ayer y de las cosas muertas
Cada objeto conozco de este viejo
Edificio: las láminas de mica
Sobre esa piedra gris que se duplica
Continuamente en el borroso espejo.
Y la cabeza de león que muerde
Una argolla y los vidrios de colores
Que revelan al niño los primores
De un mundo rojo y de otro mundo verde.
Más allá del azar y de la muerte
Duran, y cada cual tiene su historia,
Pero todo esto ocurre en esta suerte
De cuarta dimensión, que es la memoria.
En ella y sólo en ella están ahora
Los patios y jardines. El pasado
Los guarda en ese círculo vedado
Que a un tiempo abarca el véspero y la aurora.
¿Cómo puede perder aquel preciso
Orden de humildes y pequeñas cosas,
Inaccesibles hoy como las rosas
¿Qué dio al primer Adán el Paraíso?
El antiguo estupor de la elegía
Me abruma cuando pienso en esa casa
Y no comprendo cómo el tiempo pasa,
Yo, que soy tiempo y sangre y agonía.
[1] El chalet de Adrogué es la única casa en la que habitó el escritor, que hoy funciona como espacio para la comunidad. La casa perteneció hasta 1953 a Leonor Acevedo de Borges, su madre. En 2011 el Municipio decidió comprarlo para finalmente inaugurar Casa Borges en el 2014 con el apoyo de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, que dirige María Kodama. Fue Kodama la que elogió una de las intervenciones, el mural de Fernanda González Latrecchiana, artista plástica especializada en murales que apelan a la identidad de las ciudades. El mural muestra a Borges de espaldas, acompañado por un tigre, animal que era su pasión. En agosto de 2022, luego de su remodelación, fue re inaugurado el espacio sumando artistas, homenajes y recuerdos del maestro.
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