En este Viernes de «Contame un cuento» nos reencontramos con la excelsa pluma de mi querida Silvina Rinaldi, quien hoy nos hace participes de este cuento «Tuya» de intercambio epistolar. Que lo disfruten!

 

10 de Octubre de 1972

Querida Esperanza:

Hoy definitivamente sentí tu ausencia. Recorrí la casa extrañandote, olí a rosas  y me invadió la nostalgia.

Muchas cosas cambiaron desde que te fuiste,  sobre todo el tema del cuidado del  jardín. A propósito de eso quería consultarte, acerca de la poda de los rosales. Las ramas parecen comportarse anárquicamente y brota en mí la intolerancia al más alto nivel.

Por otra parte siempre aparece alguna vecina que toca timbre y pide un gajo y recita frases sobre la belleza, sigo sin entender la simpatía y el buen tono de algunos en estos tiempos de inseguridad  y caos.

En fin, aguardo tu respuesta,

Soledad.

 

30 de octubre de 1972

Soledad querida:

Al leerte me pareció escucharte y serenamente recordé nuestras conversaciones interminables. Vino a mi mente una de esas charlas en la que me dijiste que cuanto más distancia tomaba de las personas, cuanto más daño me habían producido, más rosado se tornaba mi relato. Como que una nube de piedad descendía hacia mí y no recordaba más que lo bueno. Creo haberte respondido que tenía que ver con mi naturaleza.

Estoy segura que tuviste un momento de distracción al obviar preguntar por mi estado en general, quizás y si te interesa en una próxima carta te lo cuente.

Respecto de los rosales y el jardín siempre estuvo al cuidado de Don Julio quien religiosamente y por más de 5 años quincenalmente nos visita, entiendo que no sería mala idea que  atiendas el timbre ya que no creo que todas las veces sean vecinas molestas.

Contame por favor de Baltazar y Rosendo , los extraño en demasía.

Cariños,

Esperanza

 

16 de noviembre de 1972

Esperanza:

Los felinos están bien, vivos aún. Trascienden las fronteras de mi entendimiento y logran que me cuestione seriamente la diferencia con el reino animal, decidí otorgarles el rango de divinidad. Le permito a Baltazar cobijarse en mi nuca mientras te escribo, no es la primera vez, y estoy segura que mis dolores cervicales disminuyeron a partir de esta práctica. Ayer les pregunté si te extrañaban : Rosendo ronroneó un miau (entiendo que te extraña un poquito) y Baltazar un miau miau (entiendo que un poquito más). En consecuencia de estos comentarios, dando fin a la traducción gatuna, te cuento que apareció Don Julio, quien pacientemente en 4 horas restableció el orden y la disciplina en nuestro jardín.

No obvié preguntarte por tu estado, es que solo y a veces prefiero olvidar.

Besos,

Soledad

 

28 de noviembre de 1972

Soledad querida:

Finalmente abdicaste ante el amor, me alegra tanto que Baltazar y Rosendo te hayan abierto su mundo y te estén permitiendo espiar, pensé que no lo lograrían.

Soñar utopías nunca fue tu virtud, sumergirte en las profundidades desconocidas menos. Así que te leo y pienso que finalmente algo se va acomodando a mis deseos.

Ya se, ya se…te estoy escuchando: “tus deseos no son lo míos querida”, “tus formas no son las mías” “`soy esto, tómalo o déjalo” y es muy real tu apreciación. Pero fiel a mi estilo, cuando te leo permeable al amor  me cuesta no salpicar el relato de moños rosados con sabor a chicle.

Te imagino riendo, con tu risa que huele a limón. Y nos recuerdo y nos extraño. Pensé que nunca lo diría.

Espe

 

12 de Diciembre de 1972

Esperanza:

Ni rosa.

Ni lila.

Ni violeta.

Ni chicle, ni limón.

Te fuiste, así como llegaste, como el viento. Dejando polvo en el ambiente, silencio, dos gatos, rosales y a Don Julio.

Ahogada de Soledad disparaste las escenas que nos pertenecían y las actuas a la distancia contradiciendo cada una de nuestras certezas.

Necesitás mis preguntas? Acá van:

-Cómo te sientes con el niño creciendo en tu vientre?

-Tu relación con Ignacio crece en el seno de una familia feliz?

Cruel,

mentirosa y cobarde.

Soledad

 

23 de Diciembre de 1972

Soledad:

Acepto dos de los términos del final de tu carta, siempre que estos te calmen y podamos de alguna manera seguir comunicadas. Pienso en un futuro incierto donde quizás y de alguna manera puedas encontrar paz.

La obviedad no es una de mis características y molesta considerarla, pero hoy mi lugar está aquí, lejos de casa , lejos de vos.

Si bien nunca hablamos de elecciones, las distancias han calmado alguno de los monstruos internos y por primera vez puedo vivir con cierta normalidad inserta en un complaciente ritmo familiar, sin miradas ni prejuicios externos.

No mudé el amor con las valijas.

Muchas veces intenté decírtelo, en realidad, te lo dije tantas veces… Saturada de las palabras no escuchadas, inmersa dentro del esquema agotado de pasividad, busqué nuevas formas de amor confundiéndolas con libertad  y encontré  otra cárcel.

Calificame  como quieras, pero no de cobarde. Me animé a todo por amor.

Obviaré tus preguntas,

Espe

 

24 de enero de 1973

Espe:

Fiel a la verdad es la décima hoja que tiro al cesto con la escritura en la mitad del papel.

Me han ayudado a pasar por todos los estados de ánimo posibles: ira, compasión, bronca, egoísmo, alivio, abatimiento, tristeza…

Nada me ayuda a conocerme más que el amor que te tengo y es aquí donde me detengo y me doy.

A veces te preferiría muerta que feliz lejos de casa.

Soledad.

 

11 de febrero de 1973

Esperanza:

No recibí respuesta.

Quizás el correo haya perdido la entrega, escuché que no está funcionando bien.

Te pienso, te encuentro en los recovecos de mi mente, y creo que la próxima vez que te vea te besaré tanto, te abrazaré. Le daré tantas alegrías a tu cuerpo, a tu alma que cuando pase el tiempo y nos encuentre viejas, recordarás esas horas como mágicas.

No cambié de dirección. Sigo aquí en casa. Esperándote.

Sin perderte, Esperanza.

Tuya,

Soledad.

Acompaña esta presentación una foto de «Laberintos», acrílico sobre tela de 120cm x 100cm.